viernes, 31 de agosto de 2012

El Arte Gótico. Preámbulo.

El Arte Gótico resulta un tanto paradójico si se compara con el contexto histórico en que surge y alcanza su mayor auge. Apodado por muchos especialistas como “Estilo Ojival” debido al innovador uso de arcos puntiagudos y bóvedas, al tiempo que se valía de vitrales para crear un espacio opulento e iluminado; contrastando con su período histórico, la Edad Media.

 Existe una suerte de consenso a la hora de catalogar la Edad Media como un período de oscurantismo y atraso cultural. Se dice que fue Giorgio Vasari quien, durante el renacimiento, dio a este estilo el nombre de “Gótico” haciendo alusión a los Godos, lo que sería igual a decir “Bárbaro”; para Fulcanelli, la palabra “Gótico” guarda relación con el lenguaje de ciertas sectas iniciáticas de corte mágico-herético. A pesar de todas las especulaciones que se han hecho al respecto, cuando nos referimos a este estilo artístico, hablamos de lo que para muchos es considerado como la cumbre del arte europeo. 

Una de las características esenciales del estilo es el cambio de perspectiva. Mientras en el Románico (su predecesor) se tomaba en cuenta la horizontalidad, en el gótico se da prioridad a la verticalidad. De allí que las catedrales alcancen y superen (en algunos casos) los treinta (30) metros de altura. Y así, con el fin de aproximarnos un poco a la esencia de este estilo artístico hemos mencionado dos elementos esenciales y característicos que nos ayudaran a entender el objeto (o por qué) de este estilo: el primero, la luminosidad; y el segundo, la gran elevación o verticalidad. 

El lector se preguntará: ¿En qué sentido estos dos elementos nos permiten entender el objeto de este estilo artístico? Uno de los principales obstáculos que debe sortear un historiador o persona que se acerque al estudio de la historia, es el querer (o sentirse tentado a) juzgar una época con ojos ajenos a la misma, juzgar el ayer con los ojos de hoy. El principal objetivo de la catedral gótica era el de crear una sensación de sobrecogimiento en el visitante, se buscaba impresionar al espectador desde el mismo momento en que avistaba la fachada y daba el primer paso en su interior. ¿Por qué? Porque su finalidad es aproximar a la persona por medio de lo material a lo inmaterial, llevar de lo tangible a lo intangible. En términos propios de la época: acercar al visitante a Dios y hacerle ver por medio de una “pequeña” demostración cuán grande era su presencia y omnipotencia. 

De allí que la luminosidad proveniente de los vitrales y las grandes elevaciones fuesen una constante en todas las catedrales góticas. La inmensidad de la edificación buscaba hacer ver lo pequeña que es nuestra existencia frente al todo poderoso; la luz que filtraban los vitrales en múltiples colores, es alegórico a la luz que emana Dios mismo; y así muchos otros elementos que se irán analizando en líneas sucesivas. 

Hasta aquí, hemos hecho una ínfima aproximación a las formas del arte y al objeto de las grandes edificaciones, así como del contexto histórico. Pero resaltamos la necesidad de adentrarnos un poco en la mentalidad del hombre medieval y la situación de su contexto histórico, si no se quiere incurrir en la insensatez de querer juzgar sus acciones con los ojos del hombre del siglo XXI. De tal manera  que seguiremos haciendo una resumida reseña del contexto que rodeó el surgimiento del Arte Gótico.

No hay luz sin oscuridad.

La Edad Media puede dividirse en tres etapas: La Temprana Edad Media (Siglo V al IX), Alta Edad Media (siglo X al XIII) y La Baja Edad Media (Siglo XIII al XV). La Temprana Edad Media se caracteriza por las Invasiones Bárbaras que asolaron Europa en repetidas ocasiones, que originaron un clima de desasosiego y pesimismo entre los habitantes del continente. Como consecuencia, en las proximidades al año 1000 se extendió por toda la población europea el rumor de que se avecinaba el fin del mundo y “… la vida medieval se llenó de profetas apocalípticos que vaticinaban terrores indescriptibles… [Amenazando] con la condenación eterna (…)” (Chandelle, 2008, P. 56) El resultado de todo ello fue una cierta inercia y apatía que cubrió al europeo durante estos años.

Sin embargo, los monjes benedictinos, que no se inmutaron ante el aire apocalíptico que flotaba por aquel entonces, continuaron edificando iglesias, abadías y templos que comenzaban a mostrar ciertos rasgos distintivos en relación al Románico. Existieron múltiples reformas dentro de la misma orden monacal que derivaron en la incorporación de nuevos elementos arquitectónicos y artísticos. Chandelle explica que “… Sucesivas reformas… habían dotado [A estas edificaciones] de un carácter monumental, con doble transepto, capillas radiales y bóvedas que se alzaban a gran altura (…)” (Chandelle, 2008, P. 56) Lo que derivaría más adelante en un verdadero auge constructivo en toda Europa, que contribuiría al resurgir de las ciudades y al mundo medieval en general.

No obstante, no podemos pasar por alto el hecho de que fuesen los benedictinos quienes comenzaran a dar los primeros pasos hacia el gótico, pues, al ser desarrollado en el seno de una orden apadrinada por la iglesia católica, este arte se haría casi exclusivamente religioso. Además, la iglesia vio estas “… construcciones religiosas [Como] un instrumento para consolidar y extender la fe cristiana… aconsejaba o imponía realizar una peregrinación/para visitar los lugares sagrados por su estrecha relación con Cristo: Roma, Santiago de Compostela, Tierra Santa (…)” (Belmonte, 2008, P. 1361-1362) De esta manera encontramos uno de los primeros estratos de la sociedad medieval que “apadrinó” al gótico.

Un segundo estrato lo constituyen los Reyes y Nobles que vieron la oportunidad de demostrar el fervor que le tenían al todo poderoso y al mismo tiempo de cuán arrepentidos estaban de todas sus malas acciones. Con lo cual llegaron a financiar y construir numerosas edificaciones siguiendo los lineamientos del nuevo estilo artístico. Esto también les granjeaba la amistad del Papa y a futuro podían optar por un alto cargo en el clero. O bien utilizaban la construcción de las catedrales como un medio para traer la cultura y la civilización a sus dominios.

El impulso que le dieron el clero y la nobleza al gótico derivó en la aglomeración de artistas, albañiles, maestros constructores, orfebres, pintores, herreros, carpinteros, peones y canteros, entre otros. Esto se tradujo a su vez, en un constante crecimiento poblacional que propició el nacimiento de las grandes urbes, pues no solo atrajo a los artistas y todo aquel que buscara empleo en las obras de construcciones, sino también atrajo múltiples peregrinaciones y ferias de comerciantes quienes a la postre se transformarían en banqueros y financistas.

Claro que, además del auge de un nuevo estilo artístico, hubo otra serie de factores que propiciaron el crecimiento de las ciudades. Rolf Toman nombra uno de ellos: el intelectualismo, y señala directamente al filósofo Pedro Abelardo (1079 – 1142) como la persona que contribuyó decisivamente al desarrollo de la actividad intelectual en París: “En Abelardo encontramos a un temprano representante del nuevo tipo de erudito, el pensador profesional o intelectual.” (Toman, 2011, P. 10) Comienza entonces un proceso de innovación en todas las disciplinas existentes hasta entonces, los debates intelectuales están a la orden del día, aunque solo estuviesen reservados para aquellos gremios de aprendices y maestros llamados Universitas (de donde derivan las universidades) adosados a los monasterios.

Con todo, el Arte Gótico se consolida y ve su primer ejemplar en la abadía de St. Denis en 1140 perteneciente al antiguo reino de Île-de-France (hoy Francia), de la mano del Abad Suger de St. Denis (1081 – 1151) quien para ese momento, además de estar imbuido en todo ese ambiente floreciente que atravesaba París, era el hombre más influyente de la corona francesa de Luis VII.


Bibliografía Consultada:


Belmonte, Elizabeth. Apéndice: Las Catedrales, En: Los Pilares de la Tierra. Ken Follet. México D. F., Randon House Mondadori, S. A., 2008. 1403 P.

Chandelle, Rene. Más Allá de las Catedrales. Barcelona – España, Ediciones Robinbook, 2008 (2da Edición). 253 P.

-   Romero, José Luis. La Edad Media. Mexico D. F., Fondo cultural de Economía, 1956. 218 P.

Toman Rolf. El Gótico. Arquitectura, Escultura, Pintura. Barcelona – España, H. F. Ullman, 2011. 520 P.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de la siguiente dirección: 

Agradecimientos a Jaume López y Adrià López por permitirme tomar las imágenes de su página. 

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